Copacabana vivió una fiesta inolvidable

Copacabana vivió una fiesta inolvidable

Copacabana vivió una fiesta inolvidable

Tres millones de fieles siguieron con euforia la misa que celebró el Papa en la emblemática playa de Río de Janeiro; los vecinos aportaron su color con banderas desplegadas en los balcones; también hubo shows musicales

RÍO DE JANEIRO.- Sí, fue una misa. Hubo rezos, muchas cruces, una masiva comunión, incontables menciones a Jesucristo y, por supuesto, ahí estaba el papa Francisco, el jefe de la Iglesia Católica. Pero para los más de tres millones de jóvenes que vinieron de todo el mundo a Río para participar de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), fue una fiesta inolvidable, en la maravilhosa playa de Copacabana .

Los cantos, rasgueos de guitarra y golpes de panderetas, que se habían apaciguado durante la noche de vigilia, volvieron a resurgir no bien el sol, tan esquivo durante la última semana , comenzó a aparecer sobre la bahía de Guanabara.

"Me hice muchos nuevos amigos de todos lados del mundo", contó a LA NACION el norteamericano Steve Darien, de 25 años, que mostró su iPhone con una larga lista de nombres con sus respectivos países de origen y direcciones de correo electrónico a un lado.

Todavía con cierta resaca de la larga noche en la que las caipirinhas preparadas por vendedores ambulantes fueron un hit, las francesas Anourita Ntanbwe y Marie Lefebure, ambas de 27 años, intentaban lavarse los dientes con una botellita de agua mineral al lado de la carpa que habían instalado cerca del Posto 5.

"Teníamos un poco de miedo por la inseguridad a la noche, la posibilidad de robos, pero no pasó nada. Fue pura alegría y diversión, y como dejaron los reflectores de la playa encendidos, casi nadie pudo dormir", apuntó Ntanbwe, que no dudó en sumarse a una "flashmob" y ponerse a bailar, ya con su sonrisa resplandeciente.

Las filas eran enormes para usar los baños químicos instalados a lo largo de la avenida Atlántica, por lo que muchos jóvenes prefirieron desahogarse al borde del mar, ¿resultado? De la orilla de Copacabana emergía un fuerte olor a orina. Pero a nadie parecía importarle.

Ya cuando el Papa llegó al gigantesco escenario montado en el extremo de Leme, la multitud estaba entusiasmadísima, no paraba de cantar, gritar vivas y agitar sus respectivas banderas nacionales.

Casi sobre el área VIP, reservada a jefes de Estado y sus comitivas, así como a algunas órdenes religiosas, el mexicano Pablo Ortiz Navarro, de 15 años, estaba eufórico de estar tan cerca del escenario del Pontífice, en el que también había una orquesta y varios músicos internacionales, entre ellos los argentinos Axel y Soledad Pastorutti, que entonaron juntos "Nadie te ama más que yo".

"¡Tengo arena hasta donde se te ocurra! Pero valió la pena. ¡Esto es súper padre, único!", gritó el adolescente, oriundo de Veracruz.

Tan fuerte fueron sus alaridos que hasta la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, sentada en primera fila junto a sus pares de la Argentina, Cristina Kirchner, y de Bolivia, Evo Morales, se dio vuelta para ver si pasaba algo grave.

Desde el mar, varias lanchas de la marina patrullaban sin cesar la costa, mientras que un par de helicópteros sobrevolaban la zona. Pero no ocurrió nada más serio que algunas quemaduras de sol, de las que la presidenta brasileña intentó proteger su cabeza con un sombrero de paja muy carioca, mientras que Cristina Kirchner eligió uno más formal, negro.

Las presidentas estaban rodeadas por un nutrido grupo de religiosos de diversas órdenes, que no tenían ni sombreros ni agentes de seguridad que los taparan con sombrillas, como a algunos ministros. Pero el ejército de voluntarios internacionales les acercó botellas de agua en cuanto el calor de media mañana se intensificó.

A pocos metros, el susurro constante de las olas suponía una fuerte tentación, pero nadie quiso perderse los detalles de la misa de Francisco.

Ni siquiera los vecinos de Copacabana, muchos de otras religiones, que llenaron los balcones de sus edificios y ondeaban banderas brasileñas en honor al Papa. Uno de los pasajes más emotivos de la misa fue durante el saludo de la paz. Desde el cercano hotel Windsor Atlántica, cientos de huéspedes sacaron por las ventanas sábanas y toallas blancas que agitaban mientras coreaban: "¡La paz de Cristo!".

Considerado el momento más reflexivo del servicio religioso, la eucaristía, de la que no participó ninguno de los jefes de Estado, se vio cargada de tensión cuando un grupo al costado del escenario gritó: "¡Comunión! ¡Queremos comulgar!", antes de que un batallón de sacerdotes se les acercara con hostias y los calmara.

Completamente serena se la vio tras la misa a la chilena Ignacia Caro Hernández, de 16 años, que desde los siete años lucha contra un tumor. El Papa se encontró con ella y su madre detrás del escenario para bendecirla y tomarse unas fotos. "Sé que la quimioterapia es necesaria y poco a poco vengo venciendo mi cáncer. Pero Francisco me curó el alma", contó la joven, para quien también esta misa se tornó en motivo de fiesta.

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