Francisco: San Juan Pablo II, fue el Papa de la esperanza, porque su fe estaba fija en Dios

Francisco: San Juan Pablo II, fue el Papa de la esperanza, porque su fe estaba fija en Dios

Francisco: San Juan Pablo II, fue el Papa de la esperanza, porque su fe estaba fija en Dios

En la mañana de este domingo, 4 de mayo, el papa Francisco se trasladó a la Iglesia romana de San Estanislao, mejor conocida como la “iglesia de los polacos”, donde presidió la misa de agradecimiento por la canonización de Juan Pablo II. 

“El pueblo polaco, dijo el Pontífice en su homilía, sabe bien que para entrar en la gloria es necesario pasar a través de la pasión y la cruz. Y no lo saben porque lo estudiaron, sino porque lo han vivido. San Juan Pablo II, como digno hijo de su patria terrena, siguió este camino. Lo siguió de un modo ejemplar, recibiendo de Dios el despojo total. Por esto su carne reposa en la esperanza”. 

La Iglesia de San Estanislao, en la calle Botteghe Oscure de Roma, es la iglesia nacional de Polonia, punto de referencia para los casi 20.000 polacos residentes en Roma, cuya historia se remonta al siglo XVI, cuando el cardenal Estanislao Osio pidió al papa Gregorio XIII que diera a la comunidad polaca un lugar en donde poder recibir ayuda espiritual y material. El purpurado se encargó de su reconstrucción en 1582 y lo dedicó a San Estanislao. 

La actual parroquia fue construida por el arquitecto Francesco Ferrari entre los años 1729 y 1735, siendo concluida con la contribución del rey Estanislao Augusto Poniatowski. El título primitivo de este templo era San Salvatore Pensilis de Surraca, recordado en una carta del archivo de Santa Praxede de 1174. 

En el año 1982, la iglesia de San Estanislao fue elevada a la condición de parroquia nacional de los polacos en Roma. Karol Wojtyla visitó esta iglesia más de ochenta veces, según señaló el papa Francisco durante la Eucaristía, y en tres ocasiones durante su pontificado. 

Al término de la celebración, el Pontífice saludó a un grupo de personas sin hogar que son asistidas por esta parroquia. Posteriormente regresó al Vaticano para el rezo del Regina Coeli.+ 


Texto completo de la homilía 
En el pasaje de los Hechos de los Apóstoles escuchamos la voz de Pedro, que anuncia con fuerza la resurrección de Jesús. Y en la segunda lectura es también Pedro que confirma a los fieles en la fe en Cristo, escribiendo: “ustedes por obra suya creen en Dios, que lo ha resucitado de entre los muertos, de modo que su fe y su esperanza están dirigidas a Dios”. 

Pedro es el punto de referencia firme en la comunidad porque está fundado en la Roca que es Cristo. Así estuvo Juan Pablo II, verdadera piedra, anclado a la gran Roca. 

Una semana después de la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II, estamos reunidos en esta iglesia de los polacos en Roma, para agradecer al Señor el don del santo Obispo de Roma hijo de su Nación. Él siempre vino aquí en diversos momentos de su vida y de la vida de Polonia. En los momentos de tristeza y de abatimiento, cuando todo parecía perdido, él no perdía la esperanza. Él no perdía la esperanza, porque su fe y su esperanza estaban fijos en Dios. Y así era piedra, roca, para esta comunidad. Era piedra, roca para esta comunidad, que aquí reza, que aquí escucha la Palabra, prepara los Sacramentos y los administra, recibe a los necesitados, canta y hace fiesta, y desde aquí sale a las periferias de Roma. 

Ustedes, hermanos y hermanas, forman parte de un pueblo que fue muy probado en su historia. El pueblo polaco sabe bien que para entrar en la gloria es necesario pasar a través de la pasión y la cruz. Y no lo saben porque lo estudiaron, sino porque lo vivieron. San Juan Pablo II, como digno hijo de su patria terrena, siguió este camino. Lo siguió de un modo ejemplar, recibiendo de Dios el despojo total. Por esto “su carne reposa en la esperanza”. 

Y nosotros ¿estamos dispuestos a seguir este camino? Ustedes, queridos hermanos, que forman hoy la comunidad cristiana de polacos en Roma ¿quieren seguir este camino? 

San Pedro, también con la voz de san Juan Pablo II, les dice “compórtense con temor de Dios en el tiempo en que viven aquí abajo como extranjeros”. Somos caminantes, no errantes. Somos peregrinos pero no vagabundos, como decía san Juan Pablo II. 

Los dos discípulos de Emaús en la ida eran errantes, no sabían dónde terminarían, pero al regreso ¡no! Al regreso eran ¡testigos de la esperanza que es Cristo! Porque lo habían encontrado a Él, el Caminante resucitado. Este Jesús que camina con nosotros está aquí. Jesús hoy está aquí con su Palabra, camina con nosotros. 

También nosotros podemos convertirnos en “caminantes resucitados” si su Palabra enciende nuestro corazón, y la Eucaristía nos abre los ojos a la fe y nos nutre de esperanza y de caridad. También nosotros podemos caminar junto a los hermanos y hermanas que están tristes y desesperados, y encender sus corazones con el Evangelio, y partir el pan con ellos, el pan de la fraternidad. 

Que san Juan Pablo II nos ayude a ser “caminantes resucitados”.+ 

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