León XIV pidió no ser indiferentes al dolor y la violencia

León XIV pidió no ser indiferentes al dolor y la violencia

León XIV pidió no ser indiferentes al dolor y la violencia

En la misa de Pascua celebrada en plaza San Pedro, el Papa deseó que la resurrección de Jesús sea vivida como una experiencia concreta de transformación personal y social, de paz y esperanza.

En la misa de Pascua celebrada en la plaza de San Pedro, este 5 de abril, el papa León XIV centró su homilía en el núcleo del mensaje cristiano: la victoria de Cristo resucitado sobre el mal y la muerte, e invitó a la humanidad a renovar la esperanza en medio de un mundo atravesado por la violencia.

En su primer mensaje pascual como pontífice, el Papa afirmó que la resurrección es una fuerza transformadora que interpela la realidad actual, marcada por conflictos y sufrimientos. En ese contexto, advirtió sobre la naturalización del mal y llamó a un cambio profundo: "No podemos seguir siendo indiferentes ante el dolor y la violencia que afectan a la humanidad". 

El Santo Padre subrayó que el anuncio pascual no es sólo un hecho del pasado, sino una realidad viva que impulsa a construir un mundo distinto. "Cristo ha resucitado" se convierte así en una invitación concreta a dejar atrás el odio y abrir caminos de reconciliación, en contraposición a una lógica dominada por el poder y la confrontación.

León XIV insistió en que la paz auténtica nace del encuentro y no de la imposición. "No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo", manifestó, al tiempo que exhortó a abandonar toda forma de violencia y a elegir caminos de entendimiento.

El obispo de Roma también denunció lo que definió como una "globalización de la indiferencia", al señalar que la humanidad corre el riesgo de acostumbrarse al sufrimiento ajeno. Frente a ello, propuso recuperar la sensibilidad y la responsabilidad compartida, y recordó que la resurrección abre un horizonte de vida nueva que compromete a todos.

Finalmente, el pontífice invitó a vivir la Pascua como una experiencia concreta de transformación personal y social. En un mundo "asolado por las guerras y marcado por el odio", pidió dejar de lado "toda voluntad de dominio y de poder" para dar lugar a una cultura del encuentro, en el que la luz de Cristo resucitado ilumine la vida de los pueblos.

 

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