¿Y vos a quién le rezas?

¿Y vos a quién le rezas?

¿Y vos a quién le rezas?

La oración, una experiencia de amistad con Dios.

Por Alejandro Jorrat
ajorrat@donbosco.org.ar

Al consultar en diferentes ambientes qué es la oración, seguramente aparecerán una amplia variedad de respuestas. Las numerosas definiciones reflejan las diferentes formas en las que la persona se relaciona con lo sobrenatural; también en el ámbito cristiano la oración asume diversas connotaciones según la actitud espiritual de la persona, sus motivaciones, la relación entre oración y vida y entre oración personal y comunitaria.

¿Qué es la oración?

En todas las religiones, la oración es la expresión espontánea de cualquier forma de comunicación humana con la divinidad, es parte de la esencia misma de la experiencia religiosa.

“Es un momento de encuentro y conexión íntima y genuina con Dios”, explica Agustín. Para el cristianismo la oración es escuchar a Dios que habla, contemplación de los signos de su presencia en la propia vida, en los hermanos y en las más diversas realidades, es el diálogo con quien ha tenido la iniciativa de venir al encuentro, es la progresiva comunión con el Dios que está ya presente en lo íntimo de cada persona.

Es un refugio y una manera de liberar todas las cargas que tengo”, expresa Joaquín. Máximo coincide en la reflexión: “Es un momento donde puedo conversar, entrar en paz conmigo mismo y tener un diálogo con Dios, con María u otro santo”.

¿Para qué?

En el cristianismo reza la persona que tiene un mínimo de conocimiento del Dios de Jesús. Lo hace de modos diversos y en diferentes lugares, según las propias expectativas espirituales y las situaciones personales o comunitarias. “Rezo cuando estoy nerviosa, cuando necesito fuerzas para enfrentar una situación o cuando no sé bien cómo expresar algo que me está pasando”, enfatiza Florencia.

La escucha, el silencio y la caridad son acciones que pueden ayudar en la oración.

En la oración el cristiano se expresa y escucha la voz de Dios, transfigurando y llenando de sentido las realidades cotidianas. Si bien algunas oraciones tienen ritmos y horarios específicos, como las celebraciones sacramentales,
la persona reza cada vez que hace de las opciones cotidianas de la propia vida una respuesta sincera y total a Dios“Le rezo a Dios o a la Auxiliadora cuando me siento lista para hablar y escuchar lo que tienen para mí. Busco ser lo más sincera posible”, comparte Andrea. Joaquín por su parte expresa: “Rezo de vez en cuando, porque disfruto y busco esa charla con Dios; poder sentirme mejor, conversar con Él contarle mis cosas y sentirme escuchado”.

La escuela es para muchos jóvenes uno de los primeros lugares donde se aprende a rezar, sin embargo a veces es difícil que eso continúe: “Rezaba cuando iba a la escuela, pero una vez que dejó de ser una propuesta ‘desde afuera’ dejé de rezar. Me ayudaba a bajar un cambio, pero hoy siento que es perder un poco el tiempo, o meterme mucho en mis pensamientos, y prefiero hacer otras cosas”, resalta Lucía.

¿Cómo rezas?

Porque el corazón es el que reza, la oración se puede expresar de diversas formas: mental, vocal, escucha y diálogo, lectura, meditación, contemplación, alabanza y petición, adoración silenciosa, palabra o canto, inmovilidad o elasticidad del cuerpo.

Por mucho tiempo los cristianos han dado por descontado que todas las personas conocían sobre la oración cristiana y la practicaban, pudiendo caer progresivamente en modos de oración de memoria, por obligación, despersonalizados, por acostumbramiento, abandono. “Me gustaría encontrar maneras de rezar que me ayuden a poner en palabras lo que vivo y siento, y no solo repetir frases y oraciones de memoria. Creer que alguien me escucha y acompaña, sin pensar que eso sea un modo de poner mis responsabilidades en otros y no hacerme cargo de mi vida”, comparte Lucia.

La oración no se puede medir por la utilidad que se saca de ella.

En nuestra realidad con tanto movimiento, impregnada por la búsqueda de eficacia, no siempre es fácil encontrar momentos concretos y “de calidad” para la oración. Florencia encontró estos momentos a través de las canciones: “Descubrí la música como forma de rezar y fue genial. A veces no sé bien qué decir o qué compartir y las canciones ayudan mucho”.

Junto a esto y de manera especial frente a situaciones de cansancio o sinsentido, es importante recordar que la oración no se puede medir por la utilidad que se saca de ella: es una experiencia de relación con alguien, una experiencia de amistad. Lo determinante es el amor, la confianza, la sinceridad, la fidelidad y la entrega.

 
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