Y responsables

Y responsables

Y responsables

¿Cómo puede ser —nos preguntamos— que la gente sea tan poco empática? ¿Es que no ven lo que está pasando? ¡No les importan ni los suyos! ¿No se dan cuenta de que pueden llevar el virus a sus casas e infectar a los mayores? ¿Dónde quedó la responsabilidad social?

Estas y otras preguntas se leen en las redes y se escuchan en los medios, y también en el barrio, entre aquellos que, sorprendidos, miran cómo “la gente” —ese colectivo que nunca nos incluye— se agolpa detrás de una oferta o se amontona en la calle para ver a una celebridad. “¿Qué nos pasa?”, preguntamos un poco todos, mientras nos miramos en ese espejo raro que son los canales de noticias.

Frente a esto, pienso en lo paradójico que resulta que este mundo que hoy necesita ciudadanos empáticos, conscientes de su responsabilidad social, sea el mismo que desde hace décadas viene dedicando toda su energía a formar sujetos “individuales”, funcionales a un sistema que los necesita capaces de producir y consumir.

Este mundo que hoy nos requiere en sintonía con las necesidades del otro, que demanda a los jóvenes que sean sensibles a la fragilidad de sus mayores, es el mismo que se ha ocupado de hacerles saber que acá el que no produce, estorba. Esta misma sociedad que hoy nos reclama desesperadamente ser conscientes de que, si no sostenemos conductas de cuidado, la situación se va a salir de control, es la que venía trabajando para convencernos de que en pleno siglo XXI no hay nada que pueda contra nosotros, que todo es posible para los hombres y las mujeres de hoy: sólo basta con desear algo con fuerza y trabajar duro para conseguirlo.

Pero quienes nos sentimos convocados por la propuesta de Don Bosco enarbolamos una bandera que dice con letras bien grandes “buenos cristianos… y honrados ciudadanos”. Y es desde ese lugar que nos sentimos invitados a desafiar todas las razones que podrían dar cuenta de una posición centrada en la propia conveniencia y a comprometer nuestros esfuerzos en construir un Nuevo Mundo en el que la ciudadanía sea una categoría indisolublemente ligada a la búsqueda honesta del bien común. 

Un Mundo Nuevo en el que los últimos, los más vulnerables, sean los primeros en quienes se detenga nuestra mirada, y el cuidado de su bienestar se convierta en el criterio de nuestras decisiones, aún cuando éstas no nos resulten del todo simpáticas. Un Mundo Nuevo en el que la vida de cada uno se sostenga en la vida de todos.

Por María Susana Alfaro

BOLETÍN SALESIANO – MAYO 2021

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